Por Pablo Arahuete

El bosque de Karadima (2015) es una película basada en hechos reales que atraviesa de manera tangencial el drama psicológico de las víctimas de abuso, con especial énfasis en la manipulación afectiva de un respetado miembro de la iglesia y uno de sus ayudantes. En esta entrevista exclusiva, el director Matías Lira nos revela detalles de un rodaje y un proyecto muy valioso que ahora se estrena en cines comerciales en Argentina.matias lira karadima 3

Pablo E. Arahuete: – Imagino que a la hora de encarar un proyecto de esta magnitud, los riesgos de herir la sensibilidad del público son altos ¿cuál fue el límite al escribir el guión y planificar la estructura narrativa teniendo en cuenta aquello que se quería contar en una trama lindante con el abuso de poder y el secretismo de ciertos sectores eclesiásticos?


Matías Lira: – Es una pregunta difícil de contestar. Una de las mayores complicaciones que enfrentamos en este proyecto fue, precisamente, tratar de no herir ciertas sensibilidades desde varias perspectivas. Primero te digo, yo soy una persona católica y conozco lo que es la iglesia realmente, conozco esa parroquia donde no sólo está la iglesia, sino también el centro social donde la comunidad se reúne, el sacerdote asiste y obra en forma de guía, es mucho más que un confesor, está encima de su comunidad. Una de mis primeras preocupaciones era hacer esta película que iba a dañar, de alguna forma, a esa iglesia. Pero, finalmente la cosa fue decantando en todo lo contrario, mucha gente de la iglesia me ayudó de forma anónima, por supuesto, porque querían que se dejara de generalizar, de creer que el pecado de uno era el pecado de todos. Igualmente, tuve problemas con la iglesia porque quienes toman las decisiones son un grupo muy selecto de Arzobispos y Obispos que manejan esto de una manera bastante retrógrada y con mucho secretismo. Entonces resulta más complejo.

Luego viene la preocupación por la sensibilidad de las víctimas, esa es otra área. Al iniciar este proyecto, mi mirada hacia ellos era de admiración y ahora que está terminado, para mí son verdaderos héroes. Una vez finalizado el proyecto quería retirarme, no saber más de abuso, de este tipo de cosas. Ellos siguen buscando la justicia, porque no la han tenido aún hoy. La justicia civil y penal prescribió los casos, pero la justicia eclesiástica sí lo acusó y condenó. Entonces me enfrenté a un sinnúmero de expedientes e información clasificada. Es muy terrible lo que hay ahí. Traté de reflotar esa información y que el sujeto pudiera entender, porque a las víctimas no les gusta, en el fondo, volverse a ver y sentirse abusados, se sienten frustrados y dolidos. Traté, junto con los guionistas, de poner en contexto todo ese material para que la gente entendiera que pretendía ayudar, a la familia por ejemplo, para detectar un abusador, cómo funcionan, cómo operan. Que no son lo que uno cree, Karadima, por ejemplo, se ve en la película que es un personaje muy cariñoso, yo necesitaba hacerlo así, no podía hacer que sea ese abusador duro y violento desde el inicio, había que mostrar cómo funcionaba.

 

P.E.A.: – Desde el punto de vista de la estructura narrativa el recurso de la fragmentación temporal a veces puede modificar el ritmo y la tensión del relato ¿qué te llevó a tomar esta decisión en lugar de elegir el avance cronológico de los hechos?

Matías Lira: – La verdad es que en esta película tenemos 20 años de historia. Se me hacía complejo hacer algo lineal, para ser sinceros, llegué a pensar en narrar sólo un pedazo de la historia y así sí hacerlo lineal porque a veces se explica mejor, pero en determinado momento me di cuenta que había momentos tan importantes de las víctimas, con tantos años de separación que valía la pena hacer este relato karadima 2segmentado, circular entre los 17 años que tenía la víctima –menor de edad- y los treinta y tantos años cuando ya estaba en familia.

Me preguntaban cómo es que una persona puede estar más de veinte años metida ahí, la respuesta es que el abusador los destruye psicológicamente, los captura, hechiza y por eso la gente se mantiene abusada por tantos años, hoy en día es un hecho que ocurre mucho más cercano de lo que uno cree, no sé si abuso sexual pero sí psicológico. Entonces se me hacía importante ver al adolescente y al adulto simultáneamente. Y, lo más importante de todo, ver como un abusador en el fondo no cambia, sólo piensa en abusar y lo hace muy bien, porque con ciertas personas es muy bueno, y son estas personas las que salen a defenderlo, pero con sus abusados vamos viendo las distintas etapas del abusador, no parte de manera violenta. Dialoga, le toca un brazo y va tanteando el terreno de qué tan lejos puede llegar abusando. Obviamente hay jóvenes que están viviendo situaciones más complejas, necesitan mucho cariño y eso es lo terrible del abuso, parte con una necesidad y un problema de la persona y los abusadores saben encaminar esa energía hacia su propio fin. Entonces, como te mencionaba antes, la película tiene una fuerza de relato para crear cierta conciencia de cómo es el abuso. Ese ir para atrás y adelante en el tiempo demuestra que el abuso puede darse en cualquier momento, a cualquier edad y no sólo en un momento específico de nuestras vidas.

P.E.A.: – Tengo entendido que su formación es católica y si bien no tuvo censura para estrenar su película en Chile hubo voces de repudio por el daño que podía acarrear exponer la figura de Karadima ¿cuál es su expectativa ante el estreno en la Argentina?

Si en primera instancia, la gente cree que esto es negativo para la iglesia es totalmente lo contrario. Y eso fue lo que pasó en Chile, la gente se dio cuenta que esto ayudaba a la iglesia. Mi conflicto con la iglesia, siendo educado en colegios católico, es personal. Si en primera instancia había fanáticos que amenazaban, luego de ver la película, la masa entendió que esto era positivo. Entonces el boca a boca del público fue muy fuerte, se comunican que esta película no sólo puede ayudar a detectar abusadores, sino que puede hacerlos entender cómo una persona que iba a ser nombrada “santo” puede ser detectada a tiempo. Es un tema completamente universal, no tengo ninguna duda que en alguna parroquia argentina esto haya pasado o esté pasando y espero que en la Argentina haya también una respuesta positiva para ayudar a la toma de conciencia.

 

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Fotograma de la película

P.E.A.: –  Existe una película también chilena de Pablo Larraín llamada El Club, concentrada en la doble moral de ciertos personajes que representan a la iglesia y que giran en torno a una pesquisa para revelar secretos ¿qué paralelismo puede trazar entre su película y esta que fue elegida para participar de los Oscars sin haber logrado la preselección?

A ver, yo creo que El Club es complementaria con mi película, no sé si paralela. Mi historia en El bosque de Karadima es el crimen en sí mismo, se ve cómo obra el abusador, en cambio en El Club se muestra el post abuso, qué hace la iglesia con dichos abusadores. Entonces ambas películas son muy positivas para la causa y les fue bastante bien.

 

P.E.A.: – La distancia de la cámara es un punto clave en su película, así como la selección de los planos para evitar imágenes morbosas ¿cuál fue el criterio tanto en la puesta en escena como en la manera de enfocar a los personajes?

Todo lo que tiene que ver con el lenguaje audiovisual lo trabajé con Miguel Joan Littin, director de fotografía, trabajamos mucho el plano cerrado, asfixiante, donde el abusador tuviera capturados a sus víctimas y en pocas ocasiones abrimos el plano. De hecho, el primer abuso ocurre en un mirador de la playa, provocándole a la víctima la sensación de poder escapar pero finalmente no.matias lira karadima 2

También intentamos con planos secuencia, pero al no contar siempre con las locaciones se nos hacía complicado. Por ejemplo en la primera escena de la película, vemos con el plano secuencia a Karadima siendo vestido por los niños, mientras al mismo tiempo está por comenzar la misa. La idea de trazar escenas en paralelo en el mismo lugar busca mostrar que por más que en el frente estén dando misa, no significa que en el segundo o tercer piso de la parroquia no estén pasando cosas terribles.

También fui cuidadoso con las imágenes, quería que esta película pudiera verla la familia y no pisar el palito de hacer una película para mayores de 18 años, finalmente quedó calificada para mayores de 14, lo cual fue lo que buscamos.

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