Aprovechando el ciclo programado sobre el gran Hayao Miyazaki que da comienzo hoy en el Cine Amigos del Bellas Artes les acercamos a nuestros lectores las cuatro críticas que hemos publicado desde el ya lejano estreno en la Argentina de la ganadora del Oscar El viaje de Chihiro en 2003. Cuatro películas magistrales que han revalidado una y otra vez -como si fuera necesario-, la enorme sensibilidad, el descomunal talento plástico, y la sapiencia narrativa de este artista que con su último filme Se levanta el viento (2013) se ha despedido de la dirección. Mientras cruzamos los dedos rogando conque desista de esta decisión, como consuelo nos queda su gigantesca obra al frente del mítico Studio Ghibli. De los 11 títulos dirigidos por Miyazaki se podrán ver 8 que serán proyectados entre el 4 y el 26 de julio en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Figueroa Alcorta 2280), con entradas a 30 pesos. Todos las películas están dobladas al español excepto Se Levanta el Viento, que lleva subtítulos.

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Titulo: El Viaje de Chihiro
Titulo Original: Spirited Away
Director: Hayao Miyazaki
Clasificación: ATP
Género: Animación, Infantil
Duración: 125 minutos.
Origen: Estados Unidos, Japón
Año Realización: 2001
Intérpretes: Voces de Daveigh Chase, Rumi Hîragi, Sidonie von Krosigk, Miyu Irino y Jason Marsden
Fecha Estreno: 17/07/2003

La critica puede contener información sobre la trama de la película (Spoilers).

Por Pablo E. Arahuete

El Viaje de Chihiro: La imaginación al poder

La estética del animé japonés viene pisando fuerte en Occidente desde los últimos años y gana cada vez más adeptos en Hollywood. El nombre de Hayao Miyazaki resulta aún hoy para muchos neófitos en la materia (como quien escribe) desconocido. Sin embargo, a partir de su aparición en la edición Nº 52 del Festival de Berlín, donde se alzó con el Oso de Oro por su film El viaje de Chihiro, y de su inesperado triunfo en la última entrega de los premios Oscars, comenzó a escucharse con mayor asiduidad en el ámbito de la crítica.

El aporte de Miyazaki a la industria del dibujo animado en Japón es inconmensurable y la noticia de su sorpresivo retiro de la actividad en 1997 puso en jaque el futuro de los Estudios Ghibli, empresa pionera en el animé. Afortunadamente, la decisión de Miyazaki obedecía simplemente a una crisis emocional, causada por la infatigable labor como director, escritor, productor, diseñador y dibujante, que abarca 39 años de carrera. En esa extensa trayectoria, su cine exploró diferentes registros, desde lo épico a lo satírico, pasando por los géneros con temáticas vinculadas a las grandes pasiones humanas, mitos, leyendas niponas y fantasías.

spiritedaway1Poseedor de una imaginación asombrosa y un acabado conocimiento de las posibilidades del cine, Miyazaki huye de los caminos fáciles e intenta realizar films dirigidos a los niños pero también apunta a la sensibilidad del público adulto. Define sus trabajos como una válvula de escape hacia los terrenos puros de la fantasía para los más grandes. Deberíamos agregar que los mundos fantásticos de Miyazaki no son precisamente diáfanos y hermosos como los de los cuentos de hadas, sino crueles y hostiles como en la vida real. Así se presenta El viaje de Chihiro ante nuestros ojos y es conveniente aclarar, desde este instante, que no se trata de una película fácil para la platea infantil, y que seguramente despierte en los chicos un sinfín de porqués que el adulto “responsable” deberá responder con ingenio.

Chihiro es una niña de 10 años que se muda junto a sus padres a un nuevo lugar. Lejos de sus amigos y su barrio, su descontento se hace manifiesto durante el trayecto en auto hacia su nueva casa. El vehículo se interna en los bosques y la familia decide bajar. Una cueva en el medio del camino comunica con un lugar desconocido sin gente. Chihiro ve con asombro el extraño pueblo mientras sus padres devoran los platos servidos en un restaurante vacío. De repente, la familia se transforma en dos cerdos y el pueblo en un escenario fantástico, cuyo centro de interés es una Casa de Baños al mando de la hechicera Yu-baba. Chihiro no es bienvenida por los estrafalarios personajes de esa tierra.

spirited-away-endingSu permanencia allí, para no correr la misma suerte que sus padres, castigados por la hechicera por invadir un recinto de dioses y espíritus, está condicionada a los deseos de Yu-baba. Así conoce a Haku, un muchachito que se muestra menos hostil que el resto y decide ayudarla. Haku enseña a Chihiro las reglas y leyes del nuevo mundo regido por la tiranía de la anciana. La niña tendrá que rogarle a la bruja que le permita trabajar como todos allí en la Casa de Baños, lugar donde Dioses y espíritus van a purificarse. Haku le advierte sobre su contrato de trabajo: una vez contratada dejará de llamarse Chihiro y pasará a ser Sen. Su nueva vida la sumerge en un complejo camino de conocimiento, dolor y espiritualidad donde tomará contacto con figuras míticas y personajes de todo tipo, con el objetivo de poder liberar a sus padres del hechizo de la anciana Yu-baba.

De las múltiples lecturas que pueden hacerse de esta obra maestra de Miyazaki, el viaje iniciático de la heroína aparece con un fuerte sentido espiritual, porque en el film los dioses asisten a la tierra de Yu-baba para despojarse de las impurezas del mundo terrenal y Chihiro aprende a servirlos. Por otro lado, el tránsito de la inocente vida como niña al complejo mundo de responsabilidades, inseguridades y nuevos desafíos es otro camino explorado en el relato. Miyazaki construye con admirable paciencia una obra colmada de simbolismos sobre la adquisición de los valores y el desvío de las pasiones humanas, despojada de didactismo, pero de profundo compromiso con la historia.

El viaje de Chihiro está en las antípodas del Disney más oscuro, como el de El Rey León, y no necesita manipular al espectador con momentos tristes y canciones pegadizas, porque desde el inicio el conflicto está sobre la mesa y el dramatismo se desliza con naturalidad. Miyazaki reaviva la llama de la imaginación, conmueve con su relato de enorme belleza visual y reabre el debate sobre si el dibujo animado aún debe ser considerado un género menor. Chihiro es una fábula moral maravillosa, cincelada con el mismo rigor y perfección que un monumento, el de la fantasía.

Puntaje: 9 (nueve).

el-increible-castillo-vagabundo-poster-2004Titulo: El increíble castillo vagabundo
Titulo Original: Hauru no ugoku shiro
Director: Hayao Miyazaki
Clasificación: ATP
Género: Animación
Duración: 119 minutos.
Origen: Japón
Año Realización: 2004
Fecha Estreno: 09/02/2006

La critica puede contener información sobre la trama de la película (Spoilers).

Por Pablo E. Arahuete

El Increíble Castillo Vagabundo: La novena sinfonía de Hayao Miyazaki

El increíble castillo vagabundo podría ser el epílogo y testamento cinematográfico del notable realizador Hayao Miyazaki. Por lo menos, así parece al conocerse la noticia de su retiro tras una larga trayectoria que abarca nueve películas, algunas obras maestras como El viaje de Chihiro (2001), segundo estreno comercial en nuestro país y otras tan sólo imborrables como Mi vecino Totoro o Princesa Mononoke (editadas en video). Como suele ocurrir con los grandes artistas, el reconocimiento de su obra llega a destiempo y tal prisa ahora encuentra su mayor justificación en la nueva nominación al Oscar como Mejor Film Animado (ya lo había ganado tres años atrás con Chihiro). Aunque uno tenga su corazoncito con Tim Burton es indiscutible la superioridad artística del noveno opus de este artesano de 65 años, de inagotable magia.

Si bien, en apariencia Burton y Miyazaki no tienen un vínculo cinematográfico reconocible, se pueden rastrear en sus obras ciertos rasgos que aventuren una proximidad: la difusa frontera entre dos dimensiones, la real y la imaginaria, cuyo traspaso no necesita de un viaje físico, sino más bien introspectivo y espiritual; la estrecha relación de la memoria y la identidad, de cuyo pasaje se recupera la idea del niño interior y, por último, la apuesta al tono fabulesco que proporciona ricas alegorías sobre los conflictos humanos. Estos nexos no pretenden trazar semejanzas de estilo entre los autores, sino simplemente aportar otro modo de abordaje sobre los universos que construyen. Si hay algo inobjetable en la obra del maestro de la animación, -a quien la infortunada comparación con Walt Disney, como algunos críticos insistieron, no le sienta nada bien- eso obedece a su sello personal y la marca indeleble en cada plano. Los mundos de Miyazaki deslumbran por su vitalidad y su equilibrio entre el exceso y la exageración. Por más insignificante que sea, cada objeto o personaje tiene luz propia, un rango de acción definido y una función dentro del imponente cuadro que la pluma inventa. El trazo fino y atento entrega su obsesión por el detalle, como sucede en este relato que buscó inspiración en un libro infantil de la escritora británica Dianna Wynne Jones, del año 1986.

Sin alterar la temporalidad de la historia original, la meticulosidad aparece en la reconstrucción de la Inglaterra decimonónica. En un segundo plano, en el trasfondo de esta aventura, donde se desliza un elemento novedoso para la épica de Miyazaki como la historia de amor, aparecen las alusiones a una guerra. Primera alegoría política tangible. Para el autor, obsesionado por la idea de la invención y de las máquinas como herramientas transformadoras y positivas, en este caso los inventos se utilizan para destruir el mundo. De ahí la lucha solitaria que entabla el mago Howl (convertido en ave) contra los pájaros de hierro que descargan las bombas sobre la ciudad.

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Sin embargo, al mundo arrasado se le superpone otro más exuberante y atractivo poblado de magia, fantasmas y hechizos. A esa otra dimensión, la cual primero emerge desde la niebla y luego cobra absoluto protagonismo, pertenece el castillo móvil, lugar donde llega la heroína Sofie después de haber sido hechizada por la maléfica bruja Calamidad. En consonancia con Chihiro, donde la pérdida de la identidad formaba parte del conflicto central de la trama y no retrataba otra cosa que el avance de la niñez a la adolescencia, el maleficio que pesa sobre Sofie la ha convertido en una anciana de 90 años, a quien le fue quitada toda experiencia de amor posible. Y ese parece ser el desafío que deberá afrontar para volver a ser la de antes y transcurrido el tiempo encontrar al amor de su vida.

Sólo cuando duerme, su fisonomía recupera a la joven Sofie, pero al despertar su rostro se agrieta y el cuerpo se transforma en un despojo. Al dueño del castillo, el enigmático mago Howl, lo tortura su cobardía por no enfrentarse a las fuerzas del mal y su exagerada vanidad, siempre pendiente de su apariencia. En este personaje se abre el interrogante del verdadero alcance de su magia y la sospecha de cierta ironía de Miyazaki sobre el mundo contemporáneo al mostrarlo como un metrosexual, quien reacciona con desmesura al ver transformado su cabello. No obstante, la trama del increíble castillo… se amalgama con la aventura desaforada, tributaria del animé, de la poesía y fuerza de un Akira Kurosawa, otro artesano de la composición del cuadro.

howls-moving-castleMiyazaki logra introducir – como pocos- el lenguaje cinematográfico al servicio de la animación porque recupera la especificidad del cine: ilusión de movimiento. Pero la reviste de ese realismo ontológico anhelado por el crítico francés Andre Bazin. Es decir, un realismo no imitador o reproductor de la realidad (eso le compete a la fotografía), sino una búsqueda capaz de trascenderla, de develar su aspecto oculto. En tiempos donde gran parte del cine de animación dilapida energías y recursos en lograr la mayor fidelidad posible con la realidad, (baste como botón de muestra El expreso polar), la audaz apuesta al dibujo y a la textura palpable que relega el uso del CGI a lo que la mano no puede alcanzar (el 10 por ciento de este film utilizó el digital) habla a las claras de un amor incondicional por el cine. Eso se vislumbra en cada film del realizador, donde el naturalismo emana en los paisajes; en los follajes que ondulan cuando un viento los impulsa; en el fuego que abraza la leña y lucha por no extinguirse porque si éste desaparece el castillo no podrá huir del mundo en ruinas.

Un fuego inextinguible como la inventiva de este niño atrapado en el cuerpo de un animador fatigado, pero cuya capacidad de reinventarse, de auto evocarse se aprecia en esta sinfonía de los sentidos. Sinfonía desde el punto de vista de la conjunción de imagen, sonido y movimiento.

Esta fue la novena y pareciera que, por desgracia, la última.

Puntaje: 9 (nueve).

ponyo posterTitulo: Ponyo y el secreto de la sirenita
Titulo Original: Gake no ue no Ponyo
Director: Hayao Miyazaki
Clasificación: ATP
Género: Anime, Aventuras, Fantasía, Infantil
Duración: 100 minutos.
Distribuidora: Pachamama
Origen: Japón
Año Realización: 2008
Intérpretes: Yuria Nara, Hiroki Doi, Jôji Tokoro, Tomoko Yamaguchi, Yuki Amami y Kazushige Nagashima (voces)
Fecha Estreno: 23/07/2009

La critica puede contener información sobre la trama de la película (Spoilers).

Por Emiliano Fernández

Ponyo y el Secreto de la Sirenita: La mitología del océano

Sosuke es un niño de cinco años que vive junto a su madre en una hermosa casa construida en la cima de un acantilado. En una de sus exploraciones por las rocas que costean una playa casi inexistente encuentra atrapada en un frasco a una pequeña niña con forma de pez a la que decide bautizar ?Ponyo?. La susodicha es hija de la mismísima Madre Naturaleza y un mago que alguna vez fue un ser humano; hoy entregado a la recolección de elixires de todas las criaturas vivientes del océano para reparar el daño que nosotros, los moradores de la tierra, hemos causado. De inmediato entre Sosuke y Ponyo surge una esplendorosa amistad sustentada en la inmediatez propia del primer descubrimiento. Pero el deseo de la joven de tener brazos y pernas en lugar de aletas no es bien recibido por su temeroso padre.

Hayao Miyazaki, indudablemente uno de los mayores genios del cine de animación de las últimas décadas, en Ponyo y el secreto de la sirenita (Gake no ue no Ponyo, 2008) vuelve a apelar al público infantil en un tono similar al de la recordada Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988). La mutua fascinación entre los dos protagonistas, representantes prototípicos de mundos en conflicto, reenvía una vez más hacia formulaciones ideológicas vinculadas al pacifismo, la ecología y la defensa de valores como la solidaridad y el compromiso. Por supuesto no puede faltar la clásica dialéctica formal de las obras del japonés: mientras que los personajes se caracterizan por sus trazos sencillos y su emotividad minimalista, los fondos están cargados de una belleza abrumadora, plagada de detalles en verdad exquisitos.

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De hecho, la excelente secuencia previa a los créditos iniciales ilustra de maravillas tanto los rasgos específicos de la composición visual como los elementos centrales del orden del contenido. En ella vemos a Fujimoto, el padre de Ponyo, ?encerrado? en una inmensa burbuja situada en la luminosa profundidad, desde la cual observa el pasar de seres ancestrales y crea vida derramando brebajes mágicos. En un momento de descuido la niña consigue escapar y comienza una travesía hacia la superficie motivada por la curiosidad. Allí es cuando fruto del accionar de una embarcación de limpieza, se ve succionada por una red repleta de basura. Nuevamente el surrealismo ampuloso, las mitologías antiguas y una animación en extremo artesanal se unen para un discurso honesto de corazón ambientalista.

El cineasta va mucho más allá de la simple exaltación de un universo oculto, retratado con un preciosismo incandescente: sus propuestas celebran la riqueza de la imaginación a través de una estilización conspicua, pocas veces vista en Occidente. Abrazando un fundamentalismo exitoso en términos artísticos y dejando de lado el camino ?o quizás la autopista- que abrió la llegada masiva de los CGI, el Estudio Ghibli insiste con la multiplicidad de colores, las dos dimensiones y las prodigiosas manos de sus dibujantes. A todo esto debemos sumar el imponderable extrañamiento perceptivo que genera disfrutar de consideraciones simbólicas propias de una cultura diferente a la nuestra. Sin embargo, ya se ha remarcado suficientemente que el Japón actual está muy lejos del ideado por Miyazaki.

Si El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001) y El increíble castillo vagabundo (Hauru no ugoku shiro, 2004) estaban orientadas al animismo descarnado y la configuración corporal caricaturesca, intereses históricos del realizador, en esta oportunidad se limitó la densidad conceptual en función del público a captar y el material base, nada menos que La sirenita de Hans Christian Andersen. Como en todo opus del asiático encontramos desniveles narrativos, dificultades en lo que respecta a la selección del final y una estructura a esta altura paradigmática (un comienzo ensoñado, una segunda mitad con alguna escena de acción y un desenlace cercano a la resignación romántica). En esta extraordinaria sinfonía oceánica no hay cinismo: niños y adultos se comportan como tales…

Puntaje: 9 (nueve).

se levanta el viento posterTitulo: Se levanta el viento
Titulo Original: Kaze Tachinu
Director: Hayao Miyazaki
Clasificación: P/m 13.
Género: Animación, Biográfica, Drama, Romance
Duración: 126 minutos.
Distribuidora: Independiente
Origen: Japón
Año Realización: 2013
Intérpretes: Hideaki Anno, Hidetoshi Nishijima, Miori Takimoto, Masahiko Nishimura, Mansai Nomura, Jun Kunimura, Mirai Shida, Shinobu Ôtake, Morio Kazama y Keiko Takeshita.
Fecha Estreno: 16/04/2015

La critica puede contener información sobre la trama de la película (Spoilers).

Por Pablo E. Arahuete

Se levanta el viento: En lo más alto del cielo

Con una veintena de títulos en su haber, algunas de ellas obras maestras de la animación tradicional como El viaje de Chihiro (2001), la despedida del maestro Hayao Miyazaki con Se levanta el viento elije el realismo por encima de la fantasía, pero sin abandonar la poética característica de este inigualable dibujante japonés que apela a la historia real del ingeniero aeronáutico Jirô Horikoshi para reflexionar sobre el arte y la vida cuando la pasión y la vocación se interponen ante la rutina de los años.

Resulta notable cómo el creador de La Princesa Mononoke (1997) abarca un contexto histórico muy importante para Japón ?la infancia de Jirô en 1916, pasando por sus colaboraciones como ingeniero para Mitsubishi en 1927 y su relación amorosa en la década del 30-, que marca además la transición entre lo tradicional y el paulatino abandono de esas costumbres culturales para abrirse al mundo y al modernismo, elementos que entran en tensión y crisis tras la segunda guerra mundial. El avance de la tecnología aplicada a la guerra también forma parte del conflicto del protagonista, quien de niño mantiene el sueño de volar a partir de sus creaciones, al verse afectado de los ojos, aspecto que lo priva de un futuro como piloto. Son los sueños, aquellos que marcan el camino para Jirô durante su preparación y estudios para encontrarle soluciones aerodinámicas a los aviones japoneses, los cuales finalmente hicieron estragos en la guerra e incluso bajo la estrategia de los kamikazes en Pearl Harbor.

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Cuando el joven entusiasta ingeniero aeronáutico se deja llevar por su imaginación en los sueños, el film de Miyazaki vuela desde lo poético junto con él, para luego aterrizar relajado en el drama épico que sobresale de la pantalla y ocupa el centro de la historia de Jirô Horikoshi, colmada de detalles visuales que hacen de esta película una pieza única de animación tradicional, que rehúye por convicción y amor a la tecnología y a la digitalización para entregar por ejemplo el movimiento de las olas; las nubes y hasta del pelo de la hermosa joven Naoko Satomi, en quien deposita la mirada Jirô y el mismísimo Miyazaki, para dotar de romanticismo su relato crepuscular.

En Se levanta el viento aparece oculto el dibujante pero más que eso el artista en la figura de Jirô, cuando la vida le demuestra que el arte no alcanza para soportar el dolor de las pérdidas, contundente despedida del maestro que seguirá conmoviendo cada vez que nos crucemos con esos mundos de fantasía y mitos reelaborados para no sentirnos tan solos.

Puntaje: 9 (nueve).
 

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