Por Pablo Arahuete y Maximiliano Curcio

Con miras a efectos de marketing y a propósito de potenciar las bondades audiovisuales y el formato 3D, el cine no sería ajeno a una próxima comunión con las bandas de rock más prominentes del momento. Una serie de grandes ilustres se ha estrenado en cines a lo largo de la última década, reproduciendo shows emblemáticos. Recordamos a Guns N’ Roses y su residencia en Las Vegas, llamada Appetite for Democracy (2014), también Rock for the Rising Sun (2013), sobre el histórico concierto de Aerosmith en Japón. No menos representativo resulta PJ20, acerca de un exhaustivo material de archivo que Cameron Crowe registrara sobre la gira 20° aniversario de Pearl Jam, en 2011.

Sin embargo, la ligazón entre el cine y el rock data de mucho tiempo antes. Un fenómeno singular, y diferente en todo sentido a lo concebido por el género hacia fines de los años ’60, lo constituyen las óperas rock. Se trata de una variante musical nacida en la segunda mitad del siglo XX, bajo cánones que difieren a la composición convencional de un disco de rock. Esto sucede cuando las canciones que integran un mismo álbum poseen una coherencia temática y de estilo rastreable. En cine se llamaría la ‘huella de autor’. Sin embargo, el hecho de no resultar imprescindible la presencia de elementos operísticos en dicha composición, lo asemeja más a una suite.


 

Mención especial merece la ópera Tommy, llevada al cine por Ken Russell en 1975. En 1969, la fundacional banda inglesa venía de estrenarse con este formato conceptual, pasaporte directo al extravagante universo de la psicodelia. Los traumas de un joven (en la piel del vocalista Roger Daltrey) que vive una experiencia reveladora se concatenan en esta pesadilla surrealista, adaptando el abordaje conceptual de la obra discográfica. Fiel al espíritu original, el film aborda las peripecias de un personaje dotado de forma innata con un gran talento, no obstante, su fama de estrella y la crueldad de sus padres lo arrastran a la locura.

De la profusa cantidad de óperas rock llevadas posteriormente al cine, dos de ellas destacan especialmente, habiéndose constituido en mitos de su época: Quadrophenia (The Who/Franc Roddam, 1979) y The Wall (Pink Floyd/Alan Parker, 1982). Tres décadas después de este último ejercicio cinematográfico, y reinstaurando antiguas modas olvidadas, la ópera rock revivió bajo un curioso formato. La Era del Rock/ Rock of the Ages (2012) fue una película de ficción musical, adaptada de la obra homónima escrita por Chris D’Arienzo para Broadway. Estelarizada por Tom Cruise, el director Adam Shankman reprodujo clásicos del glam metal de los ochenta, popularizado por bandas del calibre de Mötley Crüe, Bon Jovi, Poison, y Europe.

Pero mejor escuchen un nuevo episodio de nuestro podcast.

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